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Reflexiones sobre la ley de mediación civil y mercantil
MADRID, 17 de JULIO de 2013 – LAWYERPRESS
Por Samuel Mier Álvarez. Letrado interesado en mediación

Samuel Mier ÁlvarezLa evolución de nuestro Derecho es innegable. El jurisconsulto, antes incluso que el Pretor, ponía orden en los conflictos en Roma y está en el germen de los jueces, árbitros, conciliadores, hombres buenos y amigables componedores de la ALEC.
Hemos pasado de “formas anormales de resolución de conflictos” a “sistemas alternativos de resolución de conflictos”, en el lógico entendimiento de que el paso siguiente inevitable debe ser, en definitiva, aquel que refrende la máxima expresión de la autonomía de la voluntad.
Y no es otra cosa lo que se posibilita con este marco general que supone esta Ley.
Los asuntos disponibles tienen una nueva y eficaz herramienta, que parte de una concepción del hombre mucho más avanzada y respetuosa que los sistemas tuitivos y estatalistas que, porque no decirlo, han desfigurado el Estado, al convertirlo, no ya en un garante último, en sede de mínima intervención, de la paz social, sino en un Leviatán voraz y descabelladamente celoso de su poder que oprime las libertades individuales, la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad hasta extremos indecibles, y con métodos tan subliminales que llegan incluso a convencer al individuo de que está actuando mejor, erróneamente pero sin conciencia de ello, cuanto más autoafirma su triunfante soledad individualista.
Dicho de otro modo: en un mundo supuestamente civilizado con hombres y mujeres formados y conocedores de sus propios intereses, nadie mejor que uno mismo para, con el otro en conflicto, llegar a una solución autocompositiva, cediendo sin conceder con el ánimo de recuperar, en un clima de Paz, buen entendimiento y cooperación, que mira al futuro de la mano del otro.
Ha llegado el momento de que la Justicia, como manifestación ilustrada de uno de los Poderes Constitucionales del Estado, se sirva de otros instrumentos complementarios para dar a cada uno lo suyo, mas aun, para que sean los ciudadanos los que se den a si mismo su propia tutela para un convivencia pacífica.
La Ley 5/2012 introduce una ordenación general de la mediación aplicable a los numerosos asuntos civiles y mercantiles, y conecta la previsión legal para la solución de los conflictos con otros métodos, otras formas, otras vías para que las soluciones al desarrollo de la propia convivencia queden en el ámbito mas propio y genuino: el del propio sujeto de derechos y obligaciones, que en cooperación con el otro con quien convive, reconduce el conflicto al interés mutuo y la solución más idónea para ellos y para todos.
Cierto es que para ese estadío de la convivencia es necesaria una Cultura de la Paz que sólo se siembra desde la infancia, con la instrucción científica y el cultivo de las virtudes que hacen al hombre y a la mujer digno de tal condición, y que sólo el ser humano auténticamente libre y formado es capaz de llegar a tal grado de perfección que sea capaz el solo, junto con el otro, de llegar a resolver las controversias sin la tutela de un tercero, en mayor o menor grado, en un ambiente de cooperación mutua y horizonte común.
Conscientes de que esa Arcadia Feliz no es mas que un buenismo ideal de Peter Pan ensoñado en unos momentos de arrasamiento cultural, pensamiento light y debilitamiento de la educación, se hace necesario que tomemos conciencia de que es urgente una CULTURA DE MEDIACION.
Por eso la Ley 5/2012 va mas alla de las Directivas que se trasponen, para convertir a los sujetos del conflicto en los propios garantes de la solución. El mediador se erige, en éste ambito, en un facilitador que está ahi, pero no debe notarse, que dirige activamente, y que logra que las partes expresen y concreten lo mejor de ellas mismas, potenciando sus habilidades para lograr expresar lo mejor de ellas y la solución de sus logros, sus espectativas, sus preferencias.
Autonomía de las partes y voluntariedad..
El agente mediador como facilitador del escenario físico, mental y personal idóneo.
Y la eficacia del acuerdo como máxima expresión de la autonomía de la voluntad de las partes.

Estos son los 3 ejes sobre los que pivota la ley.
Pero las novedades de la institución son aún mayores: no es un parche instrumental que supla las deficiencias de la administracion de justicia, o una estrategia dilatoria del cumplimiento de las obligaciones sino que es un método ordenado de sencilla tramitación y coste sostenible, perfectamente incardinado en nuestro sistema judicial, dentro y fuera del proceso y de la Administración de Justicia en España.
No se trata de imitar mimeticamente esquemas del mundo anglosajon, sino de volver a nuestros verdaderos orígenes culturales comunes, pues la concepcion del propio mundo que se manifestó en la preeminencia cultural y económica de U.S.A. y el entorno de la Commonwealth tuvieron un tronco común que nacio en y desde la cultura mediterránea.
Solo es cuestión de redescubrir nuestros orígenes y potenciarlos. Asi ganaremos verdaderamente todos.

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